Uno puede decir que el futbol son muchas cosas las que le venga en gana: que son once contra once en calzoncillos; que no es mas que un juego; que es el opio del pueblo; que futbol es futbol; o que lo hemos convertido en un negocio disparatado de interés general y beneficios muy particulares…Pero eso no puede ser todo, es imposible. No es suficiente. El futbol, como la filosofía, busca la verdad del ser humano y los caminos trazados en los dos ámbitos tienen
sus paralelismos..

domingo, 5 de diciembre de 2010

Y al final...



Podrá juzgarse al fútbol de inesperado, de injusto, incongruente y hasta humanamente impreciso, sin embargo hoy la realidad de la final del Torneo Mexicano es categórica y contundente. El Campeón viste de rayas azules con blanco y se llama Monterrey.

Poco, muy poco se puede argumentar a favor de la causa lagunera cuando enfrente tienes a una oncena de hombres capaces de cambiar realidades y circunstancias; una oncena llena, también, de genialidades y virtudes en los botines de, tal vez, el mejor equipo de México en este momento. Unos Rayados de Monterrey que, simplemente tomaron lo que merecían estadística y futbolísticamente.
El Rey Midas del Fútbol, Vucetich, continúa formulando la estrategia ganadora a lo largo y ancho del balompié regional. Hoy por hoy también el mejor estratega nacional.

De nuestro lado, del verde y del blanco el sin sabor de la derrota deberá ser amainado con el recuerdo de una muy buena temporada, eso si, con sus altibajos y desatinos estratégicos desde el banquillo de las decisiones. Tal vez este haya sido el mejor año futbolístico de los nuestros pero, irónicamente, no se obtiene el tan anhelado titulo. Seguro las enseñanzas serán muchas y muy variadas. Ya habrá tiempo de digerirlas.
Romano deberá sortear personalmente ese estigma del sufrimiento futbolístico; Ojala sea en la escuadra lagunera. El balón de botes inesperados seguro sabrá recompensar ese dolor que hasta hoy acompaña diariamente a Don Rubén Omar.

Así pues se apagan una vez más las luces del estadio. Las gradas quedan una vez más vacías, los botines se cuelgan y las playeras se abandonan. Solo queda esa fiel convicción de una afición, ese sentimiento único y genuino de una región entera que espera y sueña con ver a sus Guerreros nuevamente Campeones.



No hay comentarios:

Publicar un comentario